Él Aprendió a llorar con los ojos secos, aprendió a sentir con el corazón enmudecido, el cómo todos ellos aprendió a decir lo necesario y a sonreír con convenciones y no por deseos… Cuantas veces fue así, cuantas veces han visto sus lágrimas camufladas en una mueca a la que llama sonrisa, en una mirada a la que confunden con seriedad. Cuando ella le miraba veía esa imagen de fuerza, ese rostro pasivo que buscaba no quebrarse en los momentos de angustia, que no se quería hundir en la mar del llanto, ella aprendió que él era el héroe de los cuentos, el príncipe que rescataba a la doncella de las historias y que jamás le vería caer de rodillas ante la presión de los días… Ella aprendió todo de él y a la vez jamás conoció lo que en el crecía, ella no se enteró que el también soñaba en medio de las noches, que anhelaba un cielo estrellado cubierto de jardines de rosas, donde las espinas eran un rose de amor silencioso, que él amaba con pasión desenfrenada, con el alma en las manos, con la sonrisa cálida que esbozaba cuando de amor él hablaba… Ella aprendió que su mundo era el de la fantasía, el de los sueños donde se le permitía anhelar grandes palacios y aromas acogedores que apaciguaran su alma… pero un día ella lo vio… vio sus mareas convertidas en lágrimas, postrado en el suelo recogiendo los pedazos de su alma que se marchitaba junto a los sueños que en el interior como todo hombre valiente el guardaba, pero que jamás en medio de risas relataba… ella lo vio, y creyó que veía un espejismo, que era solo un tinte de poesía que se escapaba de los pliegues de sus parpados y en él se reflejaba, porque él era fuerte como el acero y en su camino esas historias jamás se le verían cruzadas… El aprendió a llorar con los ojos secos, a sentir con el corazón mudo y a soñar con el alma apagada… el aprendió que jamás podría en esta vida mostrar los pétalos de las rosas que su alma cultivaba ya que los jardines solo le eran permitidos a su amada…
Escrito por Sergio Agudelo.

